
A veces escribo a deshoras ó quizás las horas escriben en mí.
¿Qué pasaría si el tiempo no existiera? Tal vez no temeríamos a la vejez, a los días perdidos, a las horas extensas, a los minutos compartidos, a los segundos de soledad.
Tal vez si el tiempo no existiera aprenderíamos a vivir. Tal vez nos hubiésemos enloquecido hace ya un buen rato y muy seguramente no estaríamos aquí.
El tiempo nos domina aunque hagamos creer que somos nosotros los dominantes del tiempo. No hay peor atadura que el tiempo con sus años, meses, semanas, días, horas y segundos; no existe un yugo peor que el pasado y sus fantasmas y no hay zozobra mayor que el futuro indescifrable.
A veces escribo a deshoras. En este momento no soy yo quien le escribe al tiempo, es el tiempo quien escribe en mí.
Phernande.

(Source: weheartit.com, via bitchgeneration)

BITÁCORA
Saltó del barco sin mirar atrás y la dejó a ella hundiéndose sola, lentamente. Ahí todo acabó.Phernande.

A USTED
Lo amé como a nadie.
Me dejó, como siempre.Phernande.

(Source: fake-mermaid, via obsoletehuman)

Cuando despertó, los latidos de su corazón estaban en su garganta, en su cabeza. Su respiración agitada y las gotas de sudor que caían de su frente le hacían pensar que todo había sido un mal sueño. Se equivocaba.
Quiso buscar un espejo, tal vez así encontraría el reflejo de una realidad inalterada. Al poner su pie izquierdo, descalzo sobre el piso de madera, se encontró con un trozo partido del vidrio que componía su espejo. No recordaba haberlo roto, pero la herida que le causó pisar el fragmento, le recordó el dolor que le había conducido a enloquecer la noche anterior. Sangraba. Le sangraba la vida.
Poco a poco su pecho se fue comprimiendo, respirar se hacía cada vez más difícil. Entre sollozos, una explosión de lágrimas no se hizo esperar; no entendía nada. Sangraba. Le sangraba el alma.
Siguió explorando la habitación y no encontró nada extraño; la vieja cama de madera de roble, una mesita que le hacía juego, la radio que le había dado su abuelo, el espejo roto en el suelo, y las paredes cubiertas con las fotografías que durante toda su vida había capturado. Aún le era difícil respirar, sentía un vacío que no podía ubicar, le recorría todo el cuerpo. Sangraba. Le sangraban los sueños.
Se tiró de nuevo en su cama, cerró los ojos y quiso no abrirlos nunca más. Entonces, fue cuando sintió entre las cobijas una hoja de papel que estaba arrugada, la tomó, la tinta estaba algo corrida, la leyó. Sangraba. Le sangró como nunca el corazón.
“Este tiempo contigo ha sido maravilloso, eres una buena persona y eso es algo que nunca voy a olvidar. Gracias por ser quien eres y fuiste conmigo, eres un ángel y te amo.
Te amo, pero me aburrí, creo que separarnos es lo más sano para los dos en este momento, todos tenemos un límite y yo, llegué al mío. Perdón.
Eres el amor de mi vida, la persona que siempre amaré.
Adiós”.
Miraba el techo y sentía que cada vez se hacía más alto, el colchón le absorbía y sus sábanas blancas habían sido manchadas por la sangre de su pie. Le dolían las palabras que leía, cada una era una aguja que se clavaba profundo en su ser. Leía y seguía sin entender.
Finalmente encontró lo que había perdido: Su ausencia. La cama vacía, el clóset sin su ropa, la mañana sin sus besos, la noche sin su pasión, los chistes sin sentido, las risas descontroladas, las caricias que se brindan los amantes, los sueños compartidos, los abrazos sin motivo. Sangraba. Le sangraba la existencia.
Deseó que todo fuera un sueño, si le amaba ¿por qué se había ido? Tomó del suelo un fragmento de vidrio y acarició con él su cuello. Sangraba. Fue la última vez que sangró.
Phernande
Buenas noches. Buenos días. Contigo si que es buena la vida.
Phernande.
Seems to me I’m exactly where i dreamt I would be
And the view from here is something to see
But I need a hand to hold on to
If I fall, will you catch me?